by _comunica2punto0

#marketing Nuestra “otra” vida es mejor. Es digital.

In Marketing on 27 diciembre, 2016 at 11:15
PuroMarketing

Cuentan que un día se juntaron Jeff Bezos,
Mark Zuckeberg, Larry Page y Tim Cook para ir de compras y, haciendo números,
descubrieron, dólar arriba o abajo, que cada uno podía elegir entre
aproximadamente 150 países del mundo para echarlos al carrito de la compra.
Juntando los ahorros de todos, incluso España aparecía ya en el lineal.

La realidad puede asustar, pero lo cierto es
que, comparando el valor bursátil medio de las empresas que cada uno de los
mencionados controla,
Google, Amazon,
Appel y Facebook “valen” más que la mayoría de los países
según
su PIB y los datos del FMI. La economía se impone a la política, corroborando
uno de los efectos más claros de la globalización.

El tema es analizar qué hacen en realidad
estas multinacionales para conseguir semejantes cotas de poder sin fabricar
nada en sentido estricto. Quizá la excepción sea Appel que sí genera productos
físicos, aunque salgan de las manos de los miles de trabajadores chinos de
Foxconn y Pegatron que los ensamblan, y cuyos componentes,
además, provienen de los alrededores.

El 9 de Enero de 2007 Steve Jobs presentaba
— como él mismo empezó calificándolo — un “iPod con pantalla táctil,
que, además, podía conectarse a internet y, por supuesto, era un
teléfono”. Fue en la
Conferencia Macworld en el Moscone Center
de San Francisco. Lo bautizó iPhone. Dicen los historiadores que Jobs buscaba
sobre todo contrarrestar el descenso de ventas del matrimonio iPod/iTunes, tan
rentable hasta entonces, amenazado por móviles con una calidad de reproducción
sonora apreciable. ? Pero él añadió un valor diferencial, la pantalla táctil,
que desde entonces es un estándar irrenunciable en telefonía.

Quizá Steve Jobs ya lo intuyó. Lo cierto es
que
el iPhone vino a revolucionar mucho
más que los teléfonos móviles. Introdujo una herramienta, ya conocida, pero
renovada con atributos suficientes como para cambiar nuestra forma de vida.

El 65% de la población española se conecta
habitualmente a internet por el móvil. Dedicamos a ello casi 2 horas al día y
nuestro apego al dispositivo es tal que el 51 % confiesa usarlo incluso en el
WC (lo cual demuestra que nuestra capacidad
multitasking no se detiene ante
nada). La medicina ya ha bautizado como “nomofobia” la patología de
quienes experimentan auténticas crisis de ansiedad al descubrir que han salido
de casa sin su móvil.

El teléfono móvil es pues al gran instrumento
de nuestra reciente civilización digital y el alma mater de esta vida online
adicta al 4G y al wifi.
El móvil es
nuestro nuevo totem
, el objeto de culto alrededor del cual danzamos, como
en las celebraciones tribales, consumidores y empresas, y al que, en el fondo,
adoramos como al nuevo dios creador de un mundo de ilusión.
Cada smartphone encierra una suerte de
Disneylandia digital que nos hace parecer?

Más
inteligentes

De eso se encarga Google. Ese prodigio de
usabilidad que es la página de búsqueda de Google tiene como protagonista una
pequeña ventana rectangular a través de la que nos asomamos a todo un mundo de
conocimientos. Es la expresión del nuevo “horror vacui” del dato y el
conocimiento. Todo interrogante tiene cumplida respuesta en Google con miles de
opciones a elegir.

Ya no
hace falta retener ni memorizar; ni emprender un razonamiento lógico; ni
analizar. Google nos lo da todo hecho: memoria, conclusiones y resultados.
Ajenos, eso sí. Pero
excluido con frecuencia, por pereza o ignorancia, el filtro de nuestros
conocimientos, el listado inagotable de
Google
conforma nuestra peculiar “sabiduría”. De pronto somos más listos.

Sabemos tanto como el que más. El único requisito es un simple toque de nuestro
dedo índice sobre un ratón de piel de plástico o una pantalla táctil en la que
no caben ya más huellas.

Más
queridos

La paradoja de una comunicación que exige
aislarse tiene su altar en las redes sociales. En Facebook, sin ir más lejos.

Los aproximadamente dos millones de likes que
cada minuto nacen en Facebook son el grito de millones de personas que buscan
expresar un sentimiento.
Facebook no ha
hecho más que rentabilizar la necesidad
humana de querer y ser queridos.
Precisamos alguien a quien llamar
“amigo” y eso en la vida real no siempre es fácil. Facebook, sin
embargo, elimina las barreras de tiempo y distancia, incluso las presentaciones
previas porque la identidad real es secundaria. Nuestros “amigos”
están ahora en manos de un algoritmo que hasta se permite recomendarnos nuevas
amistades, no vaya a ser que elijamos malas compañías.

La amistad y sus formas, al modo digital de
nuestro tiempo, se deciden en Menlo Park, una pequeña ciudad del Condado de San
Mateo, en California, ubicación de la sede central de Facebook. Quizá no nos
importe que así sea. Podemos estar seguros que a Mark Zuckeberg tampoco. Él sí
es un amigo.

Más
ricos

10 artículos por segundo se compraron en
Amazon España el pasado Black Friday. Según datos de la Compañía se alcanzaron
unas ventas de 940.000 productos en 24 horas.
Es el supermercado global. El almacén de los sueños que podemos llevar
en nuestro bolsillo y que está siempre de guardia, esperando un toque de
pantalla.

El comercio electrónico ha modificado la
forma de comprar, de consumir e incluso de desear. El mercado es el escenario
en el que se representa el sainete de necesidades y aspiraciones de la gente,
dentro de un sistema productivo que se alimenta de ellas, y de una cultura
consumista que encuentra en ellas su gran disculpa.

Cuando Steve Jobs, aquel 9 de Enero, presentó
su iPhone puso en nuestras manos un nuevo resorte de producción de serotonina,
en esta ocasión vinculado a la satisfacción de comprar, que no siempre refleja
nuestra auténtica capacidad como consumidores sino la apariencia de riqueza que
nos facilitan un smartphone y una tarjeta de crédito.

La
digitalización de nuestros conocimientos, nuestra capacidad de amar y nuestra
riqueza provocan un efecto realidad aumentada, a veces sencillamente virtual
, que nos puede hacer
levitar, despegando los pies del suelo y negándonos incluso la posibilidad de
aprovechar las ingentes posibilidades de la tecnología y sus dispositivos.

Appel, Google, Amazon, Facebook y tantas
otras son el nuevo Gran Hermano que el mismo Jobs creyó destruir en el famoso
spot “1984”. Es la gran ironía digital: nos parece que nos da, pero
no nos da lo que parece.

via Puro Marketing http://ift.tt/2hJAjRP

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